Como los más grandes…

Y siguiendo con el Guille y con su Gimnasia mítica debo decir que, como los más grandes, yo también tiraré de galones y tendré el gusto de vestir en Futboleros trapitos de Hummel Spain que me gustan de lo lindo. Será por su sabor añejo a Tottenham Hotspur maradoniano o por su recordado rojo diabólico danés, será por lo que sea, pero es un gusto.

Las fotos del debut, en la página oficial de Facebook de Hummel Spain, o sea, aquí. Prometo, prometemos, hacerlas mejores…

Salud y menottismo para todos!

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La camiseta… ¿se mancha?

Era el colmo: ser víctima de tu propia proposición indecente. Por esas cosas de la noche televisiva me vi con una oportunidad de oro para que una de las joyas de mi colección privada de camisetas pasara por unas manos divinas. El trato era simple: hacía una entrega y la camiseta regresaba a mi cajón de las maravillas firmada y dedicada. Simple, limpio… y demasiado impersonal, tal vez.

Me tenté a mi mismo y de repente me vi a lo Woody Harrelson, versión futbolera, of course. Tentado e indeciso porque si fuera un cazaautógrafos como el gran Jorge Olmos no tendría dudas de que la oferta sería irrechazable. Pero como lo mío es coleccionar camisetas, dudé. La firma en papel me deja frío y en una camiseta siempre me pareció una aberración. De hecho, sólo tengo una camiseta firmada por un Maxi Rodríguez de garrafón (apostaría), gentileza de una marca de coches y del empeño compartido con @pongamosqhablo por hacernos con ella… gratis, aclaro.

El plazo venció el pasado viernes y finalmente no hubo entrega, no hubo autógrafo y no hubo gloria. Cada vez lo tengo más claro: la camiseta no se mancha… si no se mancha conmigo de testigo.

Salud y menottismo para todos!

¿Y ahora quién resarce a Pierre?

Comprar por Internet es adictivo. Tiene algo de quick and dirty, como se diría en algunas reuniones de trabajo in, que es un poco aquí te pillo, aquí te compro. Lo malo viene después, y no hablo de arrepentimiento sino de los tiempos de espera que generalmente están muy ligados al nimio trámite de cruzar el mundo. Tú estás en Madrid y tu camiseta está bien en Tailandia, bien en Lanús.

Y digo camiseta porque generalmente es lo que compro. Camisetas de fútbol. Por coleccionismo, placer, vicio y hasta por aburrimiento. De esto que empiezas un día con trece años obligando a tus padres a que te compren la camiseta de ese club-Aston Villa- del que no has oído hablar en tu vida pero que lleva la misma publi -Mita- que tu Atleti del alma, y terminas apatrullando la ciudad de Salvador de Bahía con un colega y un taxista sonriente para acabar comprando en Os Guerrilleiros de turno una de tus camisetas preferidas a la par que horterilla.

Será por ello, por tanto, que la noticia de este caballero me tiene sobrecogido. El fulano, llamémosle Pierre, francés de buena cuna, decidió un buen día poner todos sus ahorros a la camiseta que David Trezeguet, hoy en Alicante, usó en la Final de la Copa del Mundo de su país concretamente. Más de 7.000 euros se gastó en lo que a algunos les parece una inversión desproporcionada y a otros, como yo, lógica.

El caso es que la camiseta estaba en manos de un brasileño herido, supongo, que se la envió de muy buen grado. El problema estuvo en aduanas donde un gendarme celoso de su trabajo tuvo el ojo de considerarla falsa y destruirla, tirando a la basura los 7.000 sueños de Pierre y destrozando una pieza de museo como pudiera ser la misma Gioconda. Pierre adoptará acciones legales pero la ilusión de tener la camiseta de Trezegol saltó por los aires en el mismísimo aeropuerto internacional Charles de Gaulle por culpa de un tipo de esos que llegan de la Ciudad Eterna todo ufanos, con la ’10’ de Totti callejera pensando que es original. Vamos, por culpa de un aficionado, vaya.

Salud y menottismo para todos!